Qué miedo nos da la palabra "otro"... O, al menos lo atribuimos a lo extraño, lo diferente, lo que puede ser peligroso...
Ya mis amigos los filósofos griegos (amigos de verdad, no soy sarcástica) separaban a la población en ciudadanos y en extranjeros. Lo cierto es que los ciudadanos eran los más impbricados, implicados con el sistema político, y por lo tanto económico y social de la comunidad. A los extranjeros se los marginaba de esta esfera, reduciéndolos a su actividad económica o no (recordemos a los esclavos), apartándolos de cualquier tipo de relación con los demás.
El término "otro", recuerda a la película de terror "Los Otros". Hay una contraposición entre nosotros: cercano, propio, bueno, sinónimo de compañero, amigo, compatriota; y otro, extraño, lejano, bárbaro, lejano a nuestros intereses, e incluso enemigo.
Siempre ja existido esta diferencia, como forma de organizar la sociedad, controlar a los grupos diferentes, para en principio poder gobernar con cierta comodidad, ya que un grupo homogéneo es más fácil de administrar que uno con diferentes opciones, prioridades, demandas...
Así, el otro quedaba apartado de todo el sistema político, económico, social, desintegrado de sus compañeros, y sólo comprendido por otros "Otros" y "Otras", que junto con él se juntaban y realizaban actividades marginales, para que permaneciera su identidad frente a la dominante, hacer un pequeño grupo de "rebeldes" a lo homogéneo.
Todos hemos sido "el Otro" alguna vez en nuestra vida, y en todas las sociedades ha pasado lo mismo: los esclavos en Grecia (Antigua), los bárbaros con el imperio Romano, los cristianos en Egipto, loa burgueses en el Antiguo Régimen, los proletarios en la Revolución Industrial, las colonias africanas... y las mujeres en todas ellas.
Pero, entonces, ¿por qué seguimos tratando de "Otro" a otros grupos de nuestra sociedad? Me imagino porque los humanos necesitamos tener categorías siempre, tener el mundo organizado en grupos más o menos heterogéneos. Siempre este término tendrá ese sentido. Pero, podemos dejar de utilizarlo de forma peyorativa.
Muchos y muchas me dirán: "Sí, claro... Los significados no se eliminan tan fácilmente. Y menos, uno como este". Pes sí, es difícil hacerlo, pero hay que ponerse metas en la vida. No es justo tratar a otra persona de "Otro" con mayúsculas, cuando dentro de nada y por cualquier circunstancia nosotros también lo podemos ser.
No está bien sentir miedo hacia comunidades que no conocemos, puede que el remedio sea conocer mejor a esas personas, o simplemente referirnos hacia ellos como se llaman entre ellos. Nadie nos va a comer, ni matar por ser de una comunidad diferente (en esto tenemos suerte en nuestros países democráticos), así que no hay motivo para pensar que personas inmigrantes nos vayan a conquistar, matar, robarnos el trabajo...
Acordémonos que nosotros podemos ser ese Otro tan temido, y que no nos gustaría que nos hicieran el silencio cuando pasamos o nos mirasen mal por ser españoles, mujeres, liberales, progresistas...
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