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domingo, 11 de enero de 2015

#JeSuisCharlie y su trasfondo




A estas horas en París y en otras muchas ciudades europeas se suceden los actos de repulsa contra el atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo, en París. También de la policía municipal que fue asesinada el mismo día, y de los cuatro rehenes asesinados en un supermercado judío. 
Ilustración de Jennifer Farley.
Desde este humilde blog, condenar todo tipo de violencia, especialmente contra un medio de comunicación. Y más contra uno humorístico, que se burlaba de los extremistas y no de una religión en particular. No eran objeto de sus viñetas únicamente el Islam, sino también el resto de religiones. Aunque no creo que fuera eso lo que buscaran, sino más bien burlarse de cómo se utiliza la Religión y se pervierte.  
No es culpa de los musulmanes, y menos del Islam, sino de las personas que utilizan este instrumento humano de calma ante el miedo a la muerte. Personas que, en muchos casos, utilizan los miedos y necesidades de otros/as en peligro de exclusión si no en la extrema pobreza. Y, hay que recordar que algunas de las motivaciones que guían los grupos terroristas tienen mucha legitimidad. Quiero que se me entienda: no estoy de acuerdo con la violencia, con ningún tipo de la misma. Pero, oyendo a uno de los responsables del secuestro, que no merece ser nombrado, escuché algunos puntos que tendrían que hacernos reflexionar, especialmente para que no vuelva a pasar: 
    - "Los occidentales realizáis matanzas indiscriminadas ante civiles indefensos": totalmente de acuerdo. Nosotros/as, como ciudadanos/as, no realizamos estas matanzas, pero con nuestro silencio aceptamos que casos y guerras como las de Irak, la no intervención en Siria, los bombardeos sobre Palestina, y sobre otros países se realicen sin ningún tipo de miramiento por parte de muchos de nuestros ejércitos.
      - "¿Y nos atacáis porque aplicamos la Sharia?". Incorrecto. En muchos casos se interviene porque existen criterios económicos en los países donde, en parte por la lucha por esos recursos naturales, se desarrollan los extremismos para controlarlos y disponer de financiación. Y se disimula ante nosotros/as, ciudadanía del primer mundo, con la lucha al terrorismo. 
Es muy triste e indignante que se intervenga en aquellos lugares en los que se pueda sacar partido económico y en otros, como en Siria o Palestina, se bajen los brazos, como si no sucediera nada. 
Cómic de investigación "Notas a pie de Gaza", de Joe Sacco
Y hemos de tener en cuenta que las primeras víctimas son las poblaciones de los países asediados por esto grupos. En Nigeria, hoy mismo, una niña de diez año ha sido utilizada como bomba humana. Hace poco, secuestraron a cientos de niñas para utilizarlas como esclavas sexuales o bombas humanas. En otros países, se cortan manos, se decapitan a opositores/as, se cuelga al diferente. Y, tristemente, su situación no cambiará con ataques e intervenciones al uso como hasta ahora, sino mejorando las condiciones de vida de estas regiones y países, para que no haya la necesidad de morir para disponer de algo de honor, de sostener a su familia o de ayudar a proteger a su Religión, como les hacen creer. 
Por ejemplo, este es uno de los básicos debates sobre la immigración
Y no únicamente en los países más conflictivos, sino también en los occidentales. Muchos/as de los/as nuevos/as aspirantes a terroristas son occidentales, que buscan acción, auto-desarrollo, defensa de sus valores y muchos/as caen en el discurso del otro como enemigo y causante de todos sus males. Si seguimos centrados en dejar fuera a más y más gente, reduciendo el gasto en programas de integración y de formación, cada vez habrá más personas con más y más posibilidades de abrazar este tipo de organizaciones.  
Con todo este discurso no quiero decir que acepte ni que justifique este tipo de acciones, simplemente que, para evitarlas, buscaría otra manera de relacionarse y de tratar a los/as otros/as. No son sólo unos/as terroristas, sino toda una sociedad que está afectada por sus acciones. No es que atenten contra la libertad de expresión, sino contra toda la carta de Derechos Humanos. Como algunos Gobiernos occidentales y democráticos en ciertas ocasiones. 
Sin más, mis condolencias a los familiares y compañeros/as de las personas asesinadas y espero que tomemos medidas, no centradas en el ámbito militar. O no sólo. 
Portada de Charlie Hebdo: Mahoma: "Es duro ser amado por estúpidos"

viernes, 10 de octubre de 2014

"El dinero: de fin a medio", de Christian Felber

La semana pasada acudí a la presentación del libro de Christian Felber, autor conocido por "La Economía del Bien Común", llamado, a forma de resumen: "El dinero:de fin a medio". Si ya habéis leído artículos dentro de este blog, ya sabréis lo interesada que estoy  en la EBC. Y, el presente libro, se centra en desarrollar la parte económica de esta teoría, muchas veces criticada por su ingenuidad o, en algunos casos, por intentar disimular los errores del capitalismo con una teoría menos ideológica que otras opciones, como el comunismo. 
Pues bien, centrándome en lo poco que se llegó a hablar sobre el tema del dinero (introdujo mucho la EBC, cosa que ya he tratado en otros artículos de este blog, invito a que miréis la etiqueta "EBC" y en "alternativas"), he de decir que, como siempre, me sorprendió. Felber, en este libro, desarrolla los conceptos de Banco del Bien Común, así como la Bolsa del Bien Común. El primero sería una modificación de los bancos tradicionales, esto es, los encargados de prestar y mantener seguro el dinero. Pero, en este caso, además de la rentabilidad o de las posibilidades de pagar un préstamos determinado, también se tendría en cuenta si el proyecto dispone de un valor mayor por sus objetivos, valoración dentro del Balance del Bien Común, consecuencias positivas en su entorno por innovación social, ecológica, etc. 
De esta manera, se conseguiría también primar a aquellos proyectos que no buscaran únicamente la rentabilidad económica como centro de su actividad, sino como un medio para realizar un servicio apto para una sociedad determinada. Aunque no lo dijera en la presentación, imagino que incorporaría también (gracias a la lectura del libro "Economía por el Bien Común") límites o modificaciones respecto a las inversiones de este banco: ni armas, ni deuda pública (con fines especulativos), ni mucho menos otras entidades con poca ética y/o que vayan en contra de los mínimos de la legislación internacional: respecto a las condiciones de trabajo, a la contaminación ambiental, a las posiciones de monopolio, etc.
Respecto al tema de la deuda pública, también habló de la importancia de preguntar a los europeos qué modelo de Banco Central queremos o preferimos: algo parecido a la Reserva Federal Americana, un nuevo modelo que compre deuda para evitar la especulación con los títulos, o incluso el actual. Lo ideal sería que se abriera el debate sobre esta institución, para que fuera aceptado y legitimado por las personas que forman parte de la Unión. 
Yendo hacia el segundo punto, la Bolsa del Bien Común, sinceramente, no lo entendí del todo bien, y por ello pido perdón a los/as lectores/as. Creo que era el complemento al Banco del Bien Común, y se aceptaban también las inversiones de capital riesgo, entendidas no tanto como aquellas que buscan la recuperación rápida de la aportación de dinero a cambio de, en muchos casos, realizar acciones por lo menos reprobables moralmente, como EREs masivos, cierre de plantas, cambio de titularidad, reducción drástica de salarios, etc. La Bolsa, según lo he entendido, es parecida a la Bolsa normal, pero reduciendo la especulación, y todo lo negativo que tiene esta institución. Se tiene como objetivo, pues, disponer de un lugar para financiar a las empresas, pero sin por ello llegar a pasar por encima de cualquiera de los otros valores o principios que la EBC dispone, esto es: participación, solidaridad, democracia, igualdad, ecología. 
Algo muy alejado de casos como el de Bankia y sus tarjetas black, entre otros muchos casos de financiación a la industria armamentística, la compra masiva de deuda pública de terceros Estados, etc. No es un hecho menor, ni mucho menos. La idea es, pues, que el dinero sea utilizado para generar valor en la sociedad, y no únicamente un valor monetario. Esto es, ser un medio para "vivir bien", como en la imagen, y no un fin por sí mismo. Gracias a este "pequeño" cambio, por lo tanto, habría una verdadera modificación de todo el sistema. 
Por supuesto, este modelo está muy bien por parte de la ciudadanía, que tendría más voz y más posibilidades de ser financiada, pero, al mismo tiempo, dispondría de mucha oposición por parte de los bancos tradicionales, perjudicados por este nuevo modelo. Como siempre, hacer una indicación: nosotros/as decidimos qué modelo queremos. Y con gestos muy simples: una compra en un comercio que acepta la esclavitud de sus trabajadores/as (mirar, por ejemplo, la lista de contratistas de los talleres de Bangladesh), que contamina como principio, que es un monopolio u oligopolio (el caso de las empresas eléctricas, e incluso de los bancos en la actualidad), etc. En el caso de los bancos: con nuestros ahorros, nóminas, pagos con tarjetas... 
Si no nos gusta su modelo, ¿por qué apoyarlos con éstos? ¿No es mejor buscar otro tipo de banca: cooperativa, ética, solidaria...? Todas éstas están incorporadas en la propuesta de Felber de la banca del Bien Común. ¿Podemos ayudar a llevar a cabo esta idea?     

lunes, 15 de septiembre de 2014

Gobierno del Bien Común y responsabilidad civil empresarial: buscando alternativas

Después del largo periodo en el que no he escrito nada de nada (las obligaciones académicas son lo que son), empiezo con varias alternativas que se han analizado con anterioridad, o que puede que haya nombrado. Dentro de nada son las elecciones municipales, con lo que hay que ir pensando en alternativas, aunque sea para demandarlas a los diferentes partidos.
Gobierno del Bien Común: lo que se busca en este modelo es, por un lado, mayor participación, para descubrir entre todos/as aquello que se puede considerar bien común, junto con una nueva gestión de los bienes comunes y relacionales –la propia Asamblea ciudadana, junto con el “control” de los Presupuestos–. La idea es dar respuesta a todos aquellos movimientos que han surgido entre 2011 a 2013 –aunque Christian Felber recoge demandas de movimientos altermundistas y la tendencia de la agrupación de economistas Attac1, anterior a estos movimientos– que tienen una “aspiración a resignificar la democracia y avanzar hacia nuevas formas de lo común”2.

Para resumirlo, en este modelo se habla del municipio como un conjunto: población, bienes y representantes políticos. En la gestión diaria, se debe contar con la opinión de todos/as los/as que vivan en el municipio del que se trate, e intentar llegar a un acuerdo entre política y sociedad sobre los objetivos y los medios para conseguirlo. De ahí que exista el Balance aplicado a municipios –una modificación del Balance dedicado a empresas– que recoja todos o muchos de los puntos de la vida en común: la participación en política, la gestión compartida de los bienes municipales, el tratamiento a los/as trabajadores/as municipales –igualdad de trato, escucha de las demandas, etc.–, el pago y trato a proveedores, la elección de los mismos por criterios sociales y/o ecológicos – especialmente fomento de los negocios locales–, etc.3 Aunque no se diga directamente, está implícito la recuperación de los bienes comunales y/o la consideración como tales de los servicios municipales. Una demanda común con las reivindicaciones de los movimientos y protestas globales, que, en general, tienen una “(...) aspiración a una reapropiación del espacio urbano, una reivindicación del derecho a la ciudad, y una denuncia de la degradación de la calidad de vida y de la preponderancia de los intereses privados por encima de los comunes”4.
Y es aquí donde entran los bienes relacionales y el hecho de incorporar la deliberación como uno de ellos. Este concepto puede ayudar a fundamentar también nuevos proyectos o nuevas formas de gestión compartida entre Ayuntamientos y vecinos/as o sólo de estos segundos con una legislación sobre su uso. Para el buen funcionamiento de las comunidades humanas, es básico que haya una utilización óptima de los recursos, no pensando exactamente en términos del comunitarismo –aunque también–, sino buscando una buena gestión, compartida, dialogada, de los recursos, en tiempos de sobreexplotación y limitación de los mismos.
Esta teoría considera que la participación en el municipio es importante, al igual que lo es también en la empresa, dado que ésta es uno de los principios y objetivos de la Economía del Bien Común –la EBC, o teoría que reúne los Municipios y las Empresas del Bien Común–, junto con la Transparencia, la Dignidad humana, la Solidaridad, la Sostenibilidad ecológica y la Justicia Social5, valores que podrían ser un mínimo común sin mucha discusión al respecto. La no inclusión de las personas que forman parte de una empresa, municipio o agrupación determinada es, también, un criterio negativo que resta puntos a la puntuación del Bien Común, hecho que otros sistemas de puntuación, como el de la Responsabilidad Social, no incorporan como elemento que resta, quiero decir6. También, porque tiene en cuenta la confianza como un elemento vertebrador del sistema tanto político como económico, más allá que otros indicadores, como el crecimiento económico, el nivel de pobreza, etc. Y también la felicidad. Por ello, la idea es que la participación llegue al máximo de ámbitos posibles, para que el ideal de bien común esté más cerca que si no existe una serie de preguntas sobre lo que se considera el objetivo compartido.
Lo cierto es que la deliberación no es el centro de esta teoría, pero sirve para alcanzar la meta, el Bien Común, formado por los valores que ya se han indicado como objetivos en los Balances. Pero, siguiendo con la idea de Habermas, el poder político no puede saber por sí mismo qué tipo de demandas existen, con lo que tendría que preguntar o escuchar a su ciudadanía7, representada por agrupaciones diversas o de manera individual. Teniendo claro el objetivo, después se puede discutir sobre los medios para alcanzarlo: Balances, Índices del Bien Común, Asambleas Democráticas, ayudas económicas a aquellas organizaciones que tengan mejor puntuación en los Balances, la incorporación de estos en las etiquetas para facilitar su compra por los/as consumidores/as, etc. Y, entre estos medios también está la educación, que tendría que estar más centrada en el autoconocimiento, autoestima y las habilidades de expresión de sentimientos y opiniones. Para resumir: educación emocional, ética, comunicacional, para la democracia, contacto con la naturaleza y conocimiento del cuerpo8.
Lo que se presenta es un cambio en la manera de entender la vida en común, hecho que lo une a ciertos autores comunitaristas, aunque añadiendo el aspecto económico de no competencia sino colaboración entre empresas, municipios, personas... Esto lleva a la segunda teoría, de Stefano Zamagni, sobre la responsabilidad civil de la empresa.
Responsabilidad Civil de la Empresa y el cambio de paradigma: esta teoría tiene en cuenta a la empresa como un elemento más dentro de la sociedad. Las empresas pueden modificar la manera en que se pueden relacionar con las otras y con la propia sociedad, consiguiendo una modificación de los valores que imperan en estas relaciones y, así, llegar a cambiar de forma más amplia los valores que rigen las interacciones entre la sociedad y la economía. No es suficiente que las empresas busquen la responsabilidad social, sino también la civil, como un elemento que va más allá en la conexión entre empresa y su entorno, especialmente social. Esto no significa que se haya de olvidar los aspectos recogidos en la RSE –Responsabilidad Social–, sino que hay que ir un paso más adelante.
Esta actitud de la empresa es civil dado que es “civilizadora del mercado, por ser propia de la ciudad en su conjunto y porque la sociedad civil es su clave última”9. Tiene en común con la EBC, por lo tanto, el comportamiento relacional de los actores económicos, con las empresas en su centro. Si existe este tipo de bienes, que todos necesitamos y utilizamos, es necesario un papel central de la reciprocidad en la actividad de las Administraciones Públicas y de la propia sociedad civil –incorpora también el mercado como “civil”–. Es más, realizando una actuación conjunta entre estos dos ámbitos, se llegará lejos, dado que la colaboración entre estos –el linking– consigue realizar actuaciones que, por ellos/as solos no se conseguirían10. Independientemente de esto, en muchos casos este tipo de diálogos no llegan a suceder, o permanecen en un estado inicial, sin alcanzar un objetivo claro.
Por ello, la deliberación es central: sin la misma no disponemos de mecanismos –dentro del sistema representativo– para defender las instituciones económicas de las que dependemos11. Y, si finalmente elegimos la deliberación, con ella tendrían que venir otros cambios institucionales, por ejemplo, la cooperación entre todos los sectores sociales y una administración y sociedad de tipo red, no jerarquizada12. Junto con estos cambios, además de toda una serie de habilidades de diálogo ya indicadas, vendría una modificación en la idea de las funciones del mercado, incorporando los bienes gratuitos –entre ellos los relacionales– y dando una mayor importancia al capital social. Este capital consigue que se amplíe la confianza, tanto entre personas que se conocen –bonding–, como entre grupos diversos –bridging–, creando de esta manera desarrollo económico13 bien entendido. Un desarrollo que va más allá de una mejora de las cifras macroeconómicas. Va enlazado con la idea de felicidad, que une la dimensión adquisitiva –compras y ventas– y la expresiva –relacionada con la identidad, conectada con el reconocimiento de otros/as–14. No podemos vivir fuera de la sociedad, por ello, tendríamos que estar más centrados en aquello que nos une, para intentar mejorarlo en la medida de lo posible. De ahí la responsabilidad civil de la empresa, con la necesidad de centrarse en conexiones éticas y con una Economía con objetivos de satisfacción de necesidades, y no sólo económicas.
En resumen, ambas teorías afirman que la deliberación no impide el buen desarrollo económico, ni mucho menos la dificultad o el alargamiento de las decisiones políticas. Al mismo tiempo, establecen los bienes comunes y relacionales como una nueva base sobre la que construir la convivencia de los grupos sociales. Apelan, también, al carácter social de las personas, insistiendo en que exista la posibilidad de expresar las opiniones y valoraciones dentro de un ámbito político y/o económico, dado que en estas teorías la Economía está también en el ámbito comunicativo, como una proveedora de bienes y valores a la sociedad. Este nuevo espacio económico puede entender las transacciones como relaciones de reciprocidad y entre iguales, otra de las bases de un diálogo justo.
En este mismo momento, sonará como unas utopías, una detrás de otra, pero lo cierto es que la primera posición ya se está empezando a aplicar en algunos municipios de España. Respecto a Zamagni, aunque no comparta su trasfondo religioso, lo cierto es que es interesante ver a las empresas como algo más que simples transformadoras de bienes y que dan satisfacción a ciertas necesidades. Ambas son interesantes por los cambios que podemos observar en las relaciones humanas y también en las económicas, centradas normalmente en valores de racionalidad económica y de competición. 

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1Página web del colectivo en España: http://www.attac.es/
2MATEOS, O., “¿Una red global de movimientos sociales? Una aproximación al ciclo de protestas 2011-2013”, en Educación Social. Revista de Intervención Socioeducativa, nº 55, 2013, p. 22.
3Para ver el Balance, acudir aquí: http://yosoytu.com/wp-content/uploads/2014/07/Matriz-EBC-municipios.pdf o mirar en los anexos.
4MATEOS, O., p. 28.
5FELBER, C., La economía del bien común, Deusto, Barcelona, 2013, p. 53.
6Para más información, está el trabajo comparativo entre RSE y EBC realizado en el presente máster, disponible libremente en: http://es.scribd.com/doc/203625576/La-Economia-del-Bien-Comun-en-perspectiva-etica-la-Asociacion-por-el-Bien-Comun-a-examen?in_collection=4415710
7HABERMAS, J., Facticidad y validez, Trotta, Madrid, 1998, p. 448.
8FELBER, C., La economía del bien común, Deusto, Barcelona, 2013, pp. 154 y ss.
9CORTINA, A., “Prólogo”, en ZAMAGNI, S., La economía del bien común, Ciudad Nueva, Madrid, 2012.
10ZAMAGNI, S., “El bien común en la sociedad posmoderna: propuestas para la acción político-económica”, en Revista Cultura económica, nº 70, dic 2007, pp. 23-43.
11Ibid., p.31.
12ZAMAGNI, S., “El bien común en la sociedad posmoderna: propuestas para la acción político-económica”, en Revista Cultura económica, nº 70, dic 2007, p. 34.
13Ibid., p. 36

14 Ibid., “¿Es posible compaginar la competitividad de la empresa con la felicidad?”, en XVI Seminario Permanente de Ética Económica y Empresarial (2006-2007), 16 de enero de 2007, pp. 64-74   

domingo, 13 de julio de 2014

Consumo responsable: la Certificación social participativa (CSP)

Como ya indiqué con anterioridad, el consumo es una buena arma y un buen elemento de cambio frente a las consecuencias negativas del sistema económico actual. A lo largo de los artículos, iré hablando de varias experiencias que se han ido introduciendo que pretenden modificar las reglas de juego, o que, por lo menos, no continúan las mismas de manera fija. 
La primera de ellas es la Certificación Social Participativa, una forma de certificación que pretende ir más allá de los criterios de las certificaciones tradicionales. Los autores de este sistema, por ejemplo, hablan de los inconvenientes de las segundas como un acuerdo de mínimos, con una única comprobación personal, así como más un desembolso económico que un beneficio real. Frente a éste, está la participación de los/as consumidores/as dentro de la comprobación de todos los aspectos que ellos consideran importantes, desde el propio campo.
  
- ¿Qué es?
Pues bien, la CSP por ahora se ha aplicado en el ámbito de la agricultura, donde un grupo de productores/as se reúnen y ponen en común sus saberes, sus semillas y este sistema. Además, unas normas básicas de qué se espera de su producción, sus productos, su forma de venderlos (venta directa, venta por cajas, etc), y los precios de los mismos. Estos temas vienen por acuerdo, sin ser una imposición para nadie en el grupo. Este grupo se llama ecollaures (eco agricultores).  

A partir de este momento, cada uno/a dispone de su propia producción y sus propios canales de venta, pero se puede llegar a negociar y estar todos en el mismo mercado o espacio. La idea es centrar la producción en la venta directa, para conseguir unos precios justos tanto para el productor/a como para el consumidor/a. Estos/as productores/as irán marcados con una etiqueta especial, el sello, que hace las veces de certificación "oficial". Funciona así: las siglas de la CSP y las siglas de cada uno de los productores, y después el número del año. La Certificación se renueva todos los años, coincidiendo con las visitas de los/as clientes a los campos. Éstos pueden llegar a quitar esta certificación si consideran que los criterios que creían la base de su acuerdo no se cumplen.

- ¿Por qué elegirla? 
En las visitas que he indicado con anterioridad, cada uno de los/as productores es visitado no sólo por sus consumidores potenciales (grupos de consumo, por ejemplo), sino también con todos/as los/as interesados/as por este mismo campo. Además, acude otro/a productor/a para dar su punto de vista técnico y ayudar a los/as consumidores/as a elegir y a entender conceptos que no puedan ser tan simples para alguien que no tiene mucha idea del cultivo de las verduras. Es una manera de acercarse a los campos, a la producción y a la problemática de vivir del campo en estos momentos. Y, sinceramente, después de haber acudido a una de las reuniones, sabes mucho más de lo que estás comiendo que con otra certificación que te dice que es ecológico, pero no de dónde viene, si ha utilizado transgénicos (aceptados en ciertos sellos), o si en su producción se ha utilizado mano esclava.

- Conclusiones:
Hay muchas maneras de consumir, pero las mejores son las conscientes y las críticas, donde se puede demostrar que otro tipo de economía es posible, donde te puedas informar directamente en el lugar de producción. Y donde puedas hacer preguntas y te respondan, un hecho que parece un lujo en tiempos como los actuales. 

- Para más info:
Lista de productores de la Certificación: aquí. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Soberanía Alimentaria (también en el "desarrollo")

Soberanía alimentaria, ese concepto que suena tan a demandas campesinas del (mal llamado) Tercer Mundo. Pues bien, hace poco estuve en unas jornadas sobre este tema que organizaba la plataforma con el mismo nombre (Sobirania Alimentària País Valencia). Y, mira tú por dónde, es un tema no exclusivo de los
países donde la agricultura sigue siendo el modo de vida de gran parte de la población y/o de los que las reivindicaciones campesinas están unidas a las demandas de mejoras de vida, de derechos, etc.
Pero, primero, ¿qué es la soberanía alimentaria? Este concepto significa que un país consiga ser auto-suficiente en su consumo de alimentos, sin interferencias de terceros Estados. La soberanía está unida también con las semillas y variedades locales, muchas veces relacionadas tanto con la subsistencia de la población como de la idiosincracia del país. En Estados donde la alimentación no está del todo garantizada, o donde las multinacionales disponen de la gran mayoría de la tierra, la soberanía alimentaria es central. Y esto también porque estas empresas olvidan, también, las variedades a partir de las que se han (nos hemos) alimentado desde hace siglos. 
En los países "en desarrollo" (si se puede decir desarrollo a la situación actual), la soberanía alimentaria se centra en garantizar buenas condiciones a los/as productores/as de los alimentos, junto con la sostenibilidad de la tierra como centro, así como la recuperación de las semillas locales. Recordemos que hace poco se aprobó una norma a nivel europeo que permitía a las multinacionales (o a una empresa cualquiera) patentar las variedades vegetales. Me temo que no hubo mucha reacción a esta norma, excepto algunas personas más preocupadas por el tema, como organizaciones de semillas, ecologistas, etc. 
Creo que no somos conscientes de lo que puede provocar esta política: estamos dejando que se lleven el beneficio y que patenten unos/as las variedades que hemos producido entre todos/as durante milenios. Es más, en muchos casos pasará que estarán "promocionadas" las variedades más comerciales (como en la actualidad, vamos), pero las tradicionales no. Pero, lo que es peor, ningún productor podrá producir las suyas propias, continuar con productos que sean más cercanos a sus necesidades, sin tener que pasar por una empresa. En definitiva, pasarse más de dos milenios tratando con la agricultura y sus variedades para que después llegue al final del proceso alguien con intereses económicos y se lleve el "mérito" (y el beneficio, claro). 
Es por ello que también hago extensible la soberanía alimentaria a los países desarrollados. En uno de los programas de tertulias, vi que un comentario de los que participaban era que España se tenía que hacer mirar lo que le pasa teniendo en cuenta el peso de la agricultura en la economía nacional. Yo a este
comentario sólo puedo decir que gracias que tenemos una agricultura y un campo al que volver cuando el resto de sectores fallan, porque sino, estaríamos incluso peor de lo que estamos. Además, la agricultura, ganadería y demás sector primario, si se produce bien (sin químicos, o con el mínimo posible, respetando ciertos ritmos naturales de recuperación de nutrientes, etc), puede ayudar a mantener tanto el paisaje mediterráneo como la naturaleza de zonas como las dehesas extremeñas protegidas. Dejemos de hablar del sector primario como el centro de todo lo antiguo y atrasado del país y démosle la importancia que se merece. La soberanía alimentaria está de actualidad, como lo es la agricultura.

martes, 14 de enero de 2014

Licencias creative commons

Compartir las ideas es algo revolucionario. O eso deberíamos pensar, ¿no? Cada vez más, demandamos más información, sobre más temas, en diferentes lugares y, lo mejor de todo, al momento. De ahí el furor por Twitter, que casi que es otro medio de comunicación, o mejor, una agencia donde todos los periódicos, informativos, etc miran para informarse.
Respondiendo a esta demanda "revolucionaria" de información, se crearon las licencias Creative Commons, recogidas por varios movimientos como necesarias para conseguir un conocimiento más expandido, además d cuidar la autoría de las personas que realizaban y colgaban obras en Internet. Así, se tienen en cuenta las dos partes: la demanda de más contenidos esccritos, y el deseo de los/as autores/as de disponer de los derechos sobre sus obras, aunque estén colgadas a ojos de todos. Además, disponen de varias licencias, entre las que se incluyen la libre (sin reconocimiento del/la autor/a, con uso comercial o no...), hasta la que demanda que no haya ni uso comercial, ni recogida parcial de la obra.
No estoy segura de que esto consiga al 100% ni quitar la piratería (con la que, en muchos casos estoy a favor), ni que la autoría se consiga proteger tal y como los/as autores/as quieren. Pero, lo cierto es que esta licencia pretende y puede establecer varias categorías de derechos y de reproducción de ideas que otros sistemas no: cuando colocas una obra en Internet sin más, lo más seguro es que sea utilizada y modificada (si no cambiada del todo) por otra persona, y no podrás quejarte después con criterios (aunque sí con razón); si lo publicas vía editorial, revista, etc. no se puede reproducir o copiar si no se quiere ser multado/a.
De ahí que, por el momento, haya intentando probarlo con uno de mis trabajos. No estoy segura tampoco de si lo he hecho bien (en el sentido de si está bien subido el documento, si la licencia está activa...), pero aquí está mi pequeña aportación al mundo creative commons:


Licencia de Creative Commons
Responsabilidad (personal) política: ¿un valor abandonado? by Laura Muñoz Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en http://es.scribd.com/doc/197634491/responsabilidad-politica-trabajo.

Y, gracias a esto, también me hago publicidad.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Weelp, el buscador solidario

www.weelp.com
Viendo el otro día el telediario, me fijé en una notícia sobre dos amigos, informáticos y militares, que han creado un buscador diferente al resto: siendo usuario registrado en este buscador, con los ingresos generados con tus búsquedas, se darán éstos a la causa que tú elijas. Estas causas son variadas, entre otras medioambiente, derechos humanos y sociales, derechos políticos, etc.
Es una buena manera de transformar tus búsquedas en dinero para entidades que, con todos los recortes las necesitan más que nunca. Por ahora, no aparece en muchas categorías las ong, asociaciones a las que van dirigidas, pero poco a poco se va completando.
Por ahora no puedo decir más que apoyar la causa, y espeerar que llegue a más puntos. Las alternativas me gustan, y utilizan a google como motor de búsqueda, así que no está mal.

lunes, 22 de julio de 2013

Economía del bien común: ¿qué es?



Ante todos los problemas actuales (diré problemas porque lo son, aunque no se debe decir esto en principio), causados tanto por la deriva del sistema económico, así como la falta de voluntad política, he estado buscando alternativas. Y esto porque no veía que diera ninguna en mis post, siendo únicamente una crítica, sin más. Además, para escuchar críticas, podemos entrar en cualquier blog, prensa, etc. 
De ahí que acudiera a un curso sobre Economía del Bien Común, idea que sólo había escuchado en algunas charlas bastante alternativas, pero que al mismo tiempo me atraía. Todo está resumido en la presentación prezi, aquí arriba. La idea es de cambiar los valores que priman en la economía (competencia, lucha...), por otros que no tienen que ir en contra de la misma, pero que son más cercanos a la supervivencia humana (cooperación, ayuda mutua...). Para ello, se establecen una serie de ayudas o de prioridades políticas para que las empresas que sean más cercanas al bien común (esto es, menos contaminantes, con respeto de los derechos laborales, el producto sea necesario, etc.), tengan una posición de fuerza o de prioridad frente al resto. Y esto porque son mejores para el conjunto de la sociedad, y por ello vale la pena ayudarlas.
El modelo se centra en tres pilares básicos, a partir de los cuales continúa y se desarrolla. El primero es el de las empresas, originarias de este movimiento y con deseos de sobrepasar la simple responsabilidad social corporativa. Por otro lado están los municipios, fomentadores de estas empresas, así como de valores de participación directa. Finalmente, está el medio ambiente (ecología) y la esfera individual, en relación los unos con los otros como un único conjunto. La idea es que los tres ámbitos están conectados y, como tal, han de ser tratados en su conjunto. Además, la influencia está presente: si los ciudadanos demandan la EBC, el municipio realizará el primer paso, incorporando a las empresas en su camino.
¿Cómo saber si sigues los principio de la EBC? Existe el Balance del Bien Común, que indica la puntuación posible que una empresa x tendría si cumple uno, varios o todos los componentes del Bien Común, esto es, valor social del producto, relación con los clientes, con los proveedores, etc. (aquí)  Para los municipios aún no está disponible una matriz, ya que está en marcha (las variables políticas son menos cuantificables). Hay en marcha un Balance individual, para ser consciente de la cercanía con el modelo, aunque no con medidas claras como el de empresa... (aquí)
Pero, lo cierto es que si no se demanda, no será aplicable, y para ello es necesario saber de qué se trata... 
Para más prezis, mirad aquí.
Y, para más info, entrad en la página de la asociación por el Bien Común, aquí. Incluso, podéis mirar este vídeo-resumen: