sábado, 13 de agosto de 2011

Muros y murallas


En el 50 aniversario de la construcción del muro de Berlín (ese telón de acero), me han entrado ganas de hablar sobre los muros y murallas del mundo.
No estoy hablando de la muralla china que, por cierto, tengo que ir a visitar y que, además, está gravemente erosionada por los turistas que la visitan. Hablo de mucho de los muros imaginarios y no tanto que hemos estado construyendo los humanos. Tampoco me voy a concentrar en los muros interiores y psíquicos que cada uno de nosotros se impone, porque no soy psicóloga, aunque tenga cierta experiencia personal...

Las antiguas murallas medievales, cada vez menos presentes en las ciudades, servían para protegerse del invasor. Para sentirse seguros ante posibles ataques de pueblos o grupos rivales. Han estado siempre ahí y, aunque las más cinematográficas sean las medievales, nos han acompañado desde que el hombre es hombre. Siempre de una manera más o menos rudimentaria, por supuesto.
De esa idea de protección se derivó hacia un método de distanciamiento del otro, del enemigo, del extraño. Ejemplo de esto podía ser el muro de Berlín. Pensado para separar a dos partes de una misma ciudad y evitar que los habitantes de una parte (qué extraño, la parte "pobre") pasasen hacia la zona rica u occidental.

Actualmente los muros, además de los personales y profesionales (no nos olvidemos de ellos), son para cerrarnos en ellos, para no permitir que otros los traspasen y para sentirnos seguros gracias a ellos. Con la Unión Europea dejaron de haber fronteras entre los países de la misma. Esto en principio. Pero, al mismo tiempo, aumentaron los muros y alambradas en los países por los que se podía entrar a la Unión. me refiero a la alambrada de Ceuta o de Melilla. Ahora los otros son la gente con menos posibilidades que nosotros y con menos oportunidades, por supuesto. Pretendemos defendernos de una oleada de inmigrantes que buscarán trabajo para pagar a sus familiares el viaje hasta nuestro país, y que, como afirman muchos, "nos quitarán el trabajo"...

Unido a el muro psicológico está el muro religioso, el que parece que es tan difícil de saltar, superar o derruir. Dos mundos chocan entre sí, el "choque de civilizaciones". Pero, nadie se acuerda que, extrañamente para algunos, tres religiones convivieron en España y en tiempos donde no estaba tan avanzado el tema de los derechos humanos. Con lo que este es un muro imaginario, o eso espero.
Todo esto después de que todos tengamos en la cabeza un mundo globalizado, interrelacionado, imbricado. Miremos a la economía, por ejemplo. Y ahora viene la pregunta, ¿por qué hemos puesto muros a las personas y no a los especuladores financieros? Esto es un ejemplo. ¿Le tenemos más miedo a miles de refugiados que a una persona que tiene más poder que toda África unida? Sí, y esto tiene mucho que ver con las imágenes y la idea de grupo o bulto, como se quiera decir. A los que juegan con nuestras economías no les vemos las caras, no sabemos quiénes son. Muchos de nosotros ni siquiera sabemos cómo se les permite jugar con el empleo de tanta gente, de regiones enteras. Pero, al ver a gente diferente a nosotros, entrando en masa... algo se activa en nosotros y pensamos en las antiguas murallas: en un ejército que nos viene a invadir, a atacar nuestra soberanía y a terminar con el Estado. Y estoy exagerando.

Los muros ayudan frente a amenazas físicas e inminentes. Pero no pueden hacer nada frente a las nuevas amenazas: la especulación bursátil, las armas nucleares, los ataques terroristas y las catástrofes medioambientales. Entonces, ¿por qué tantos muros? ¿Tan diferentes son los habitantes de Berlín que pasaban de un lado a otro jugándose la vida de los africanos que intentan entrar en Europa? Han pasado 50 años, ¿hemos cambiado?

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