La semana pasada (creo que más bien hace dos) en la comunidad de Castilla La Mancha se redujo la aportación económica de los representantes autonómicos. Siendo una medida, por lo menos, deseada por una ciudadanía cansada de políticas que se centran sobre unas clases más que otras, o al menos no criticada como otras muchas, se puso en marcha desde el Gobierno central, a su vez.
Pero, ¿hasta qué punto esta medida es acertada? Empezaré por "repasar" el por qué de los sueldos, aportaciones, extras por formar parte de una comisión, etc. Durante la Transición, para garantizar la independencia de los políticos, se tomaron una serie de medidas, entre ellas el fuero especial (el hecho de que los miembros de un órgano de representación sea juzgado por un Tribunal especializado en los temas "políticos"), y la remuneración por la actividad (entre otras). La remuneración buscaba su independencia, ya que, de esta manera se podían centrar más o exclusivamente en la actividad política, no buscando financiación por otras fuentes (venta de su voto personal, ser remunerado por influenciar el debate o la votación sobre un tema que tenga que ver con intereses corporativistas, el ser "contratado" por una empresa o un lobby para representarlos a ellos y no a los ciudadanos...). A la remuneración básica, se le tenían que unir los "extras" por formar parte de una comisión (cosa que requiere un esfuerzo mayor), por no estar en Madrid y por tenerse que desplazar (evitando así que los representantes de las regiones de la periferia quedasen sin medios para acudir), por alojamiento (a aquellos miembros (pensado por los grupos minoritarios) que tienen que acudir a los plenos, así como a comisiones que se celebran en diferentes días de la semana)...
En ese momento, la mayoría de los representantes eran vocacionales, o venían de medios rurales o tenían menos posibilidades de dedicarse a la política por simple vocación, sin tener problemas económicos. De ahí la importancia del pago del salario y de los "extras". He de decir que no eran considerados unos "privilegios", sino simplemente una ayuda o un fondo de independencia de la política.
Que en la actualidad esto no se consiga de la misma manera, o se utilice unas ayudas más que otras o se utilicen sin necesidad (por ejemplo, la famosa dieta por alojamiento del Presidente del Gobierno, que vive en Moncloa; o el desplazamiento de representantes regionales que están viviendo en Madrid), eso es otro tema, y muy negativo. Gracias a este tipo de comportamientos, la población se los toma como unos privilegios, y no como lo que son en realidad.
Y, para terminar, ¿por qué estamos aceptando que se reduzca el salario a los representantes primarios de la ciudadanía (recordemos que sólo tenemos posibilidad real (o más bien efectiva) de participar en política vía el voto) casualmente en un momento en que el ejecutivo está gobernando vía reglamento (y no por leyes), y cuando la oposición es más necesaria que nunca? No digo que se tenga que dejar el sistema tal y como está, pero las modificaciones tienen que venir por otras partidas, o por otros métodos. Entre otras cosas, para que la división de poderes sea, también, posible.